La tragedia ha golpeado a la comunidad de Villarrica con la confirmación del hallazgo del cuerpo de un niño de apenas 12 años. La víctima, identificada como Derlis Damián Figueredo González, residía en el barrio Santa Librada, y su desaparición había generado gran preocupación entre sus familiares y amigos.
El fatídico descubrimiento se realizó cerca de la 1 de la tarde en el lago conocido como Canindeyú, un lugar que, lamentablemente, tiene un historial de incidentes trágicos. Este caso ha conmocionado a toda la región, especialmente porque ocurrió durante las festividades navideñas, un momento que debería ser de alegría.
Según la información proporcionada por la Comisaría 2ª de Santa Librada, Derlis había salido de casa el jueves por la tarde, alrededor de las 4:00, junto a algunos amigos. La idea era recorrer las casas del barrio para ver los pesebres navideños, una tradición que muchos disfrutan en esta época del año.
Sin embargo, al no regresar a su hogar, su madre, Dori González Arzamendia, tomó la difícil decisión de reportar su desaparición a las autoridades. Esto llevó a la activación de un operativo de búsqueda por parte de la Policía Nacional.
Las investigaciones del Departamento de Investigaciones del Guairá revelaron que el grupo de niños decidió entrar al lago para nadar. Desafortunadamente, Derlis enfrentó problemas para mantenerse a flote debido a la profundidad del agua. Dos de sus amigos intentaron ayudarlo, pero no pudieron salvarlo. Lo más trágico es que, por miedo a las posibles consecuencias, no informaron a ningún adulto de la situación.
Finalmente, al recibir información sobre la desaparición, los agentes regresaron al lago y encontraron un cuerpo flotando. En la escena, intervinieron el fiscal de turno, Diego Duarte, junto con personal de Criminalística, bomberos voluntarios y el médico forense Dr. Alfredo Lichi, quien determinó que la causa de muerte fue asfixia por sumersión.
Por orden del Ministerio Público, el cuerpo fue entregado a su padre, Lorenzo Figueredo Estigarribia, quien debe enfrentar la dolorosa pérdida de su hijo en un momento que debería haber sido de celebración.